sábado, noviembre 3

Día de Muertos

Algo muy común en estos días es toparse con toda clase de puristas y patrioteros que atacan y censuran cualquier cosa que tenga que ver con el Halloween o la "Noche de Brujas", siempre en defensa de proteger "nuestras" tradiciones, pero siempre me ha resultado curioso el poder comprobar que poco saben estos paladínes de la mexicaneidad de esas tradiciones que pretenden defender.
Basta con hacerles un par de preguntas para darse cuenta que tienen una idea demasiado vaga del origen de las celebraciones o del porque de las tradiciones allegadas a las mismas.
Si con tantas ganas desean revivir las antiguas tradiciones mexicanas, tal vez deberían empezar por celebrar el Día de Muertos en el verano, como era antes de la llegada de los españoles y sus evangelizadores católicos, o por exigir que se entienda que el Día de Muertos no es lo mismo que el Día de Todos los Santos ni que el Día de los Fieles Difuntos.
Lo que es un hecho es que toda la mezcolanza y fusión de tradiciones y fiestas obedece a la vieja costumbre de la iglesia católica por homologar las celebraciones paganas de los territorios recién colonizados y en proceso de evangelización con celebraciones propias de la iglesia católica para mantener bajo control a los nativos y disminuir los riesgos de una sublevación de origen religioso, lo que hace un tanto irónico y por demás hipócrita que sean precisamente grupos religiosos los primeros en protestar por la "invasión" de tradiciones extranjeras en nuestra cultura.
Imagino entonces que están convencidos de que Jesucristo nació en las faldas del Tepeyac, cerca de donde hoy se levanta el templo de su madre, y que fue sacrificado en el Cerro de la Estrella, donde cada año se conmemora su martirio. El caso es que la celebración del Halloween deriva de otro caso de homologación de fiestas originada por la iglesia católica en su afán de facilitar la transición evangelizadora.
Para los celtas de las islas británicas el 1° de noviembre iniciaba el invierno. Durante la noche previa, el 31 de octubre, se celebraba el Samahain, cuando los druídas, que eran la clase sacerdotal celta, deambulaban por su aldea solicitando en todas las casas comida y objetos para ofrecer en sacrificio al señor de la Tierra de los Muertos. Mmm. Una ofrenda. Durante esa noche nadie salía de la aldea, pues existía la creencia de que por unas shoras existía una comunión entre el mundo de los vivos y el de los muertos, y era obligación de todos comulgar con sus ancestros y no con sus vecinos.
Se encendían hogueras para hacer visible la aldea, y los caminos eran iluminados con nabos que eran vaciados para colocar una brasa encendida en su interior, tradición que daría pie a las calabazas con la vela en su interior.
Con el paso de los años y la cada vez más constante migración humana, el choque cultural llevó a que más tradiciones de diversos orígenes se fuesen mezclando. Pronto se empezó a acostumbrar colocar las lámparas de nabos o calabazas en las ventanas de las casas para ayudar a los muertos a encontrar el camino a su hogar (palabra que tiene su origen en hoguera, fuego), de una manera muy similar a la función de las veladoras en nuestras tradicionales ofrendas.
La costumbre de que los niños salgan a tocar de puerta en puerta para pedir dulces y/o frutas puede tener su origen en alguno de los ritos de fertilidad comunes en el centro de Europa antes de la Era Cristiana, aunque el referente más similar es la Fiesta de San Martín, celebrada en los Países Bajos el 11 de noviembre. Curiosamente esa fiesta también fue creada para integrar/reemplazar un rito pagano. Y por cierto, el término de "Noche de Brujas", no tiene, en principio, nada que ver con Halloween, pero las tradiciones Wican, aquelarres y demás folklore relativo a las brujas son material más que suficiente para varios posts, así que ahora no entraré en detalles al respecto.
A lo que voy, más allá de seguir comparando las diferentes características de cada celebración, es a la importancia de entender que no se pueden ni se deben satanizar las costumbres y/o tradiciones de otros simplemente porque nos resultan extrañas o no las entendemos.
Entiendo la molestia de algunas personas por la innegable explotación comercial que sufren muchos de los elementos asociados al Halloween, pero hay que recordar que esto es algo muy común en la sociedad de consumo en que vivimos, la cual es fuertemente influenciada por la de nuestros vecinos del norte. Lo importante es que cada quien tome lo que guste de las celebraciones en cuestión y participe de ellas de acuerdo a lo que representan para él y no simple y sencillamente porque "son nuestras tradiciones", pues es importante saber diferenciar entre tradición y costumbre.
Si dejamos que estas celebraciones se conviertan en costumbres dejando de lado todo su significado espiritual y religioso, estaremos dando un paso más hacia la creación de otra costumbre 100% comercial y sin fondo alguno, tal y como la mediática versión de Halloween de la que ahora nos quejamos.
La misma naturaleza de las relaciones humanas hace inevitable que las tradiciones cambien con el paso del tiempo, omitiendo algunos elementos o integrando otros nuevos tomados de otras culturas.
Por ejemplo, me parece curioso que ningún medio resalte la creciente popularidad de celebrar el Día de Muertos más allá de nuestras fronteras, como por ejemplo en San Francisco, California, donde desde hace cinco años la comunidad latina de la avenida Fruitvale organiza un festival y desfile alusivos al Día de Muertos, donde aparecen algunos elementos familiares como la ofrenda, el pan de muerto, o las calaveras de azúcar, además de aportaciones locales de otras minorías o grupos no mexicanos que han decidido integrarse a la celebración aportando elementos de sus propias culturas.
Esa celebración en particular atrae a más de 50,000 asistentes del área de la bahía y/o turistas interesados en la, para ellos, inusual fiesta dedicada a celebrar la muerte como parte de la vida. El festival de este año se llevará a cabo mañana domingo a partir de las 10 de la mañana.
Y otra cosa, habría que ser menos melodramáticos e intensos cuando se habla de rescatar nuestras tradiciones y volver a nuestras raíces, no vaya a ser que se le ocurra a algún fanático empezar a sacrificar a los vencedores de los partidos de futbol o querer retomar los sacrificios de doncellas de manera periódica utilizando el helipuerto de la Torre Mayor como altar de sacrificio porque, creo, hay de tradiciones a tradiciones.
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